Escribir siempre fue (aún lo es) más fácil que hablar para mi, quizás fue por que me encariñe con las palabras a temprana edad, ellas se colaron en mis oidos y poblaron mi mente de colores, sensaciones y sueños mágicos. Así dando vueltas las páginas se fue desenrollando mi propia vida y termine con una colección de amigos y amantes muertos hace añares, o a años luz de distancia, pero más cerca que ninguna otra persona. Esos autores que perforaron mi alma y me cambiaron para siempre repartiendo lecciones y consejos de tinta.
Ahora escribo, escribo para desahogar mi alma, para exorcisar mis demonios, para llorar con palabras las amarguras del corazón. Y escribiendo se me pasaron los días, y las penas y los amores y hoy que llego a estos 40 posteos me cuesta creer la cantidad de intimidades desparramadas en ceros y unos que se encuentran acá, en este pequeño agujero de internet olvidado por el mundo; mi pequeño tesoro escondido a la vista de todos.
Y así sigo creciendo, sigo sintiendo, sonriendo, llorando, y cambiando más que nada creciendo tratando de entender. Sufriendo diaramente la metamorfosis cotidiana...
jueves, 22 de mayo de 2008
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