viernes, 20 de mayo de 2011
Fotocopias
No te conozco pero te conozco. No es una queja tampoco, se verá luego si de mi comportamiento se escapa cierto desorden obsesivo-compulsivo a estrellarme la cabeza contra la pared hasta quedar inconsciente. Sos igual que otros, y no es una queja. Es una fotocopia del pasado. Las acciones hablan más fuerte que las palabras, tu actitud altanera, tu seguridad al hablar, el conocimiento almacenado y las palabras adornadas. La forma de pararte, la soberbia en tu acento, la mirada altiva como de alguién que ha vivido y sabe mucho de todo, o poco de todos mucho. Es algo que utilizas para juzgar y jugar, indistintamente porque ya el juego se convirtió en tu forma de vida. Pero sos frío, de hielo. Congelaste tu mundo y te quedaste atrás de las barras y los glaciares, tal vez como instinto de autopreservación, lo utilizas porque ya te has sabido roto, roto por otros que te tendrían que haber cuidado más, y el dolor de aquél abandono hace que vos repitas lo mismo en otros. No, que no pasen, que no me duelan. El interés se pierde, porque sos igual, tu pose y tus gestos, igual que Martín, igual que Leonardo, igual que Gustavo, igual, igual, una fotocopia de ellos, al infinito, no se sabe quién fue el original, los escupieron a todos de algún boceto mal terminado. Por eso me duele haber visto algo, que es lo que me pasa a mi para saber tan fácil como sos, lo predecible de las acciones ya no me lastiman tanto.
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