jueves, 24 de febrero de 2011

Pez Koi

Pececito, Pez. Karpa. Carpa. (¿de circo?, de un hippie en el bolsón?) Un pez. Ninguno es lindo, pueden tener escamas llamativas, y pueden tener gracia al nadar. Ese cuerpo hecho torpedo que bucea entre las corrientes marinas sin perderse. Pero no son lindos. No son la belleza de los mares, ni tienen la paz de las ballenas francas. Tampoco nos producen esa especie de ternura condescendiente que le otorgamos al caballito de mar por andar siendo bien macho y pariendo sus hijitos diminutos.

No, la cara de la carpa asemeja una máscara de demonio japonés. Un rostro muy poco agraciado y bigotes largos de italiano pizzero. Pero esos peces, de alucinantes colores, poseen una determinación que va más allá de cualquier cosa. Con la fuerza de su propio ímpetu, son capaces de sortear oleajes tremendos, de escaparse de las espumas atrapantes de los remolinos, de esquivar peligrosas rocas. Todo para poder continuar el ciclo de la vida, siempre yendo cuesta arriba, tropezando a veces, pero jamás flaqueando. Es la fuerza de su voluntad, esa energía vital que todo lo mueve y todo lo traspasa, lo que los empuja a seguir más allá de todo obstáculo y por eso tienen mi admiración y mi respeto.

Ojalá pueda ser yo cómo el pez Koi. Y a la llegada de mi camino me convierta en un dragón.

martes, 8 de febrero de 2011

Tipos

Leyendo varios posts que hice, los primeros dos años estuvieron llenas de cartas de amor a un tipo, un amor allá lejos.Y las otras de tipos bastante mierdas que conocí también con alguno que otro post acerca de religión, música o drogas.

No me estaré repitiendo mucho?? jajaja CAMBIEMOS LA FORMULA ESTE AÑO PLEASEEEEE

Igual, me sorprende cómo crecí en varios sentidos, y como aquellas cosas que me inspiraban y me daban pasión hoy no me provocan nada. Que loca es la vida

sábado, 5 de febrero de 2011

De Rock, Leyendas, Hippies y la actualidad


En general no me considero una persona fanática de nada en particular. Algún libro, algún autor. La música para mi es parte de la esencia humana. Eso que te lleva a mover el pie ni bien los primeros beats de un tambor llegan a tu tímpano, la misma sensación que hace que tus dedos repiqueteen en una mesa al escuchar un solo de guitarra. Nada muy exagerado. No creo en la idolización de ningún ser humano. Para eso están las religiones, rápidas en canonizar seres de carne y hueso.

La leyenda del rock en argentina es algo que es venerado. Somos un país de fanáticos. Somos más talibanes que los talibanes. Necesitamos crear leyendas y mitos, que se instalen en el inconsciente colectivo y nos den respuestas y valores para regir nuestras acciones. Es así que tenemos el futbol, que creamos a Kempes, Maradona, Messi. ÍDOLO!!! CAPOOOO!!! GENIOOO!!! y es así que, cómo cultura creamos esa doble moralidad. Ah noo! yo a Maradona lo banco, pero como persona... (y ahi van esos tres puntos suspensivos que explican todo de manera simple).
La idolatría parece ser parte de nuestro sistema. En cada círculo social. Pero volviendo al tema de la música, no me deja de sorprender cuántos mitos creamos, cuántos rompemos y cuántos volvemos a armar, como un cubo Rubrik. ¿Que pensarían Miguel Abuelo, ó Luca Prodan si vieran la realidad músical Argentina? o la realidad músical global. No hay más mitos ni dioses ni genios músicales. O prodigios como Charly que tocan el piano desde los 3 años. No creo que se pueda transitar las calles de ninguna ciudad y busques a alguien, para bien o para mal, con la capacidad de movilización de los héroes de antaño. Pero a su vez, ésos héroes, jamás estuvieron del todo conscientes de lo que generaban en su momento con su presencia. El rock de los 70 era una respuesta ardiente a la dictadura, era un movimiento de las entrañas con mensajes bien definidos. Y los hippies eran jóvenes rebelándose contra la casa, el perro, los hijos y la hipoteca. Y si bien hay mucha gente que no está de acuerdo, yo les doy crédito por tener y por crear un imaginario y una serie de reglas y acciones. Dentro de la sociedad conservadora, saltó como respuesta antagónica el hipismo, sea lo que sea, la acción dió lugar a su música sus metódos y manerismos. Y su música junto con esos dioses.

Luego dieron paso a esas bandas míticas de los 80, y el momento ciertamente depresivo y consumista. La decadencia del peronismo, las revueltas y el Austral. Y también la música fue una forma de volcar todo eso en letras y creación. Y enmarcarlas en una idea de vida, en una forma de ser. Cómo respuesta a lo sucedido. Creo que todo el que ama a Sumo o los Redondos descubre en sus letras parte de una respuesta o "un comando" para comportarse, las reglas para sobrevivir en esa sociedad para poder escupirla y decir no estoy de acuerdo pero aquí te traigo mi parte, mi otra forma, mi anti-establishment. Y así se generaron dioses del rock y de la música, que por ahí ni siquiera pensaban en cómo y de que forma su música estaba voceando lo que sentían miles de jóvenes. Nadie se da cuenta de cuándo nace una leyenda, menos la leyenda porque irónicamente hay que morir para alcanzar ese status inefable.

Hoy en día muchos jóvenes de mi edad (tengo 25 años)que escuchan Sumo, o Sui Generis, sin comprender realmente el impacto que significaron. No entiendo su fanatismo, para mi es algo irreal, en realidad no sabes una mierda de que tratan esas letras porque jamás viviste el contexto en el cuál fueron paridas. ¿Significa que si escucho Mozart no lo puedo disfrutar? No, no tiene que ver con el disfrute, la mía es la crítica a la canonización de los cantantates cómo dioses del Olympo músical por gente que no comprende del todo como se formó esa movida. Sí son excelentes músicos, pero NO, no los pondría como ejemplos a seguir hoy día, o cómo referentes de actitudes, ¿Por qué? Porque no tienen nada que ver con mi realidad, con nuestra realidad en el 2011. Que mierda tiene que ver una canción contra la dictadura con mi realidad, yo que siempre viví en democracia (o una hija bastarda más bien basada en la pretensión democrática, pero el intento al menos es válido); lo que me molesta sobremanera es escuchar mi generación hablar sobre Sumo como si realmente supieran de lo que hablan, o analizar letras de los Redondos cómo si fueran el Código Da Vinci, con la respuesta a todas las preguntas y una cajita feliz gratis. No tiene nada que ver con la vida que vivimos.

Tristemente no tenemos músicos que rompan con paradigmas, se nos terminaron. La música de hoy en día es vacía y plástica. Indigerible. Pero no me encuentro cómoda endiosando a los músicos de antaño, cómo si tuvieran en sus acordes las verdades encerradas esperando a ser escuchadas. El sentir argentino dicta que él fanatismo exacerbado sea una masa sin ojos ni oídos más que para lo se idolatra, y lamentablemente no se puede discutir, o no pueden comprender cómo alguien puede disfrutar de la música sin poner en un pedestal a nadie. La tristeza de vacío músical de mi generación es que se distorsiona hasta el hartazgo la imagén de aquellas bandas que sí tuvieron un mensaje en su momento.

Aunque lo encuentro complicado, espero que la próxima vez que mencione que me gusta DIVIDOS pero no soy fan, alguien que haya leído esto no me salte al pescuezo, o me mire con cara de no sabes lo que es la vida.